
Hundo mis pies en la arena esperando a que la marea con sus caricias espumosas hunda cada elección equivocada, y me vuelva a arrastrar hacia su inmensidad misteriosa e indomable, donde un amanecer, rojo de pasión te abre tantos caminos como nubes hay en el cielo, empujadas por la naturaleza, dejándose llevar, dejando de pensar.
Cierras los ojos, la oyes rugir, viene a por ti, debes ser cauteloso pues tal inmensidad esconde muchos misterios que desde la fría arena de una noche de tormenta, que te muestra sus dientes como un lobo feroz, para ver si tienes agallas de acercarte, rugirle, y luego acariciarle para aceptarte entre uno de los suyos y dejarte explorar, comprender, un nuevo amigo antes perdido con el que emprender tu viaje hacia lo desconocido.
Vuelves a abrir los ojos miras ese cielo azul oscuro como un zafiro reflejando tus pensamientos, imnotizándote, vuelve a sonar la melodía ya casi olvidada que lo despeja Todo, desentierras un pié, luego el otro, das 5 pasos hacia atrás y corres hacia el agua con tus colmillos ahora afilados como hombre lobo, a romper las olas que enturbian esta calma.


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